Animal que conversa II




Luz mala*

Ya no puedo bailar. Se fue ese tiempo
de los giros veloces,
del pañuelo que vuela hasta los pájaros,
del relente de música en la sangre.

Ahora todo es tácito. Está quieto.

No puedo sobornar los huesos de mi mapa
y me transformo en una anciana renga,
que escribe sus memorias en el caos
como la mariposa.

Delineo mis ojos con pintura de guerra.

Quizás bailemos quietos un ritmo insospechado
y después
después de haber bebido
reído
hasta girado en ochos majestuosos
y arrestos inmaduros
ya no pueda mover mi esqueleto de momia
y tengas que cargarme hasta la casa.

Señalo el maquillaje. El cuarteto de sombras,
alcanzámelo, digo.

Y repetís: Un cuarteto de sombras
lo mismo que nosotros.

Siempre tu punch de drama, pienso a penas.

Salimos a bailar. Sueño que puedo.



*Se le llama así a la fosforescencia que en la noche producen los huesos de esqueletos abandonados en el medio del campo. Le dicen luz mala porque danza sobre los muertos.








Finalidad del donativo

Ciertas cosas no están hechas para el don, decías
y abreviabas la vida de la desesperanza;
yo aprendí a combatir esa constante
y me dejé llevar por la inconstancia de la improvisación.
Agregabas aquella expresión a tus victorias
como una conquista sobre la voluntad de pertenencia
que llamabas tu sino
y te reías de él.

Siempre me pareció la tuya una irreverencia trágica
y por eso te contestaba eso de que yo
me consideraba un tanto mística
aunque intentara 
también 
sacarme el don de encima.

Mi rebelión te hace reír, aún.

Te hace reír con tu inclinación hacia la metafísica inclemente
donde los muertos se manifiestan
en una procesión que no termina sino en tu corazón


desangelable.






Sensación interrupta

Hablemos de otra cosa, dice tu voz oculta

pero tu voz 
tiene esa construcción silenciosa
de hormiguero nocturno 
que se apodera de los cimientos de la casa.

Tu voz que no se escucha crea túneles,
tuneliza lo que se no se ve
y después hay que bajar a esas estructuras subterráneas
como si bajáramos a una estación de subte
atestada de ánimas que huyen de su condición de transparencia.

Me explicás que la muerte 
tiene una serenidad poco común cuando se instala.

Yo también lo sé.

Nos miramos, como viejos ladrones cómplices
que aún guardan un tesoro
sabiéndose incapaces de gastarlo.

Los tesoros no están para gastarse, decís.

Sobreviene el silencio, como un robo.


(Del poemario: Animal que conversa)


Animal que conversa





Ortográfica-mente

No somos como la realidad.

Lo dije
imaginando un mundo de cuentos amarillos
mientras nos extendíamos al borde del manzano.

Ni siquiera somos como niños que huyen
con el dulce desorden de los niños
jugando a la escondida.

Nuestra fragilidad no acude desde lo frágil,
no se parece a la madera balsa,
no se parece al vidrio,
no tenemos esa intrascendencia cristalina.
Somos un disparate de las hadas.

Un dispárate, dijo él
y se quedó tan pancho, boca arriba con su boca de pájaro.

Recién daba sus flores el manzano de invierno.







El terror de las sombras

de pasionales sombras con voces de ventrílocuo
Oliverio Girondo

Hablábamos de vos,
del mineral oscuro de tu sombra.
Éramos varias voces en un claro esponjoso
donde cabía el verde
igual que una parroquia abandonada
está llena de ecos que recuerda
aunque Dios haya muerto.

Hablábamos de vos,
de tu salitre cáustico,
de las capas profundas que ignoran la curtiembre,
del descarne,
del pulso metafísico,
del reloj que olvidaste junto al brocal del pozo.

Hablábamos de vos
y de la voz del agua entre tu nombre
de viejo paredón,
de orín del hierro,
de arcilla sin esmalte

pero él no lograba descubrirte 
y el resto hacía silencio.

Yo le hablaba de vos
y él me hablaba de vos.
Los dos hablábamos 
como si no estuvieras entre todas las voces

como si no estuvieras siquiera en nuestras voces.


Como si no estuvieras.






Colorama

A veces, el azul está quieto como un envase extraño,
como un énfasis roto 
perpetuamente incontinente, oscuro,
y se queda mirándonos sin prisa en discurrir.

Es cuando vamos mansos, lejos de la manada,
explicando la tarde de las hojas,
la sencillez que tiene el fruto dulce
en los labios amargos,
en la lengua que calla las vocales 
y hace de la esperanza un nudo consonántico.

Decías que las vocales eran todas azules
y que la a enrojecía solo al hablar de amor.
Y que la i era una serpiente líquida
cuando armaba la ira.
La u tenía ese sórdido corpúsculo de uranio
de las bombas.
La o se asombraba del desorden
en que se nos quemaban los papeles.
La e no te gustaba.

Decías muchas cosas extrañadas y jóvenes.
Improvisabas con una torpeza de maderas
y te reías de todos los caminos
que no llevan a Roma


si no a morir un día.






Acuarelar

Otoñará, le dije.
Él se quedó en silencio como un animal húmedo
debajo del granizo.

Otoñará este día con su luz y su pulpa,
con todo su candor arracimado
y con su austeridad.

Otoñará en la hoja del cansancio que acude
sin la vocinglería de los loros amantes
ni el zureo de amor del viento sur.

Recalará el otoño en todos los espacios de morir.

Otoñará distancia, fragilidad, yo misma
me licuaré la voz como en el ocre
se diluye el marrón y el amarillo.

Terminaré tan pálida como el otoño mismo


cuando llueve.



(Del poemario: Animal que conversa)


Espadachín del cielo.




Si te vas,
tu voz dinamitera deja un hueco
en el hostal del alma,
en la pequeña cama de los sueños más frágiles,
en la cocina de los más intensos.

Si te vas,
tu voz vacía el mar de sus tsunamis
y los peces del sándalo se mueren
cuando quieren volar a su infinito.

Si te vas,
toda la leña se volverá verde y no hará fuego,
olerá el bosque a humo sin calor,
y lloraran los duendes de resina un perfume sin alma.

¿Quién es capaz de expulsarte de esa boca
que te dieron para volverla útil igual que una bandera
que te conduce a un grito planetario?

Te esperan los tambores
del pulmón de la vida,
de la entraña animal de la palabra,
de las luces profundas que nadie alcanza a ver
en el túnel del hombre.

Que regrese esa rosa de los truenos
a florecer la sangre de tu lengua.

Quiero que hagas rodar cabezas y castillos.


Mercader de Venecia



En tu boca no habita un mundo silencioso porque tu boca es una estampida de bisontes que atropellan espigas y montañas y ciegos y obsecados y magníficos alzan vuelo con grandes alas córneas de embestir a los ángeles. Ahí estás con tu lengua dándole cuerda hablada al enorme reloj del universo. Estás ahí, locuaz y alucinado, como una descomunal enciclopedia que recoge todas las rimas que existan con amor en todos los idiomas. Yo te observo en tu fiebre de batallar desnudo. Escucho tus desordenadas reprimendas, tus requiebros inhóspitos a mis estatuas ocres, tu voluntad de mundo. Te oigo en tus mujeres y en tus coitos, como te oigo en tus exasperaciones, en tus tragedias espalda con la asfixia, en toda tu creación irrespetuosa y en vos mismo. Veo un centauro que pelea al viento por conquistar de Dios el momento del Ángelus y esa luz exquisita del crepúsculo en que le crecen alas a la sombra. Ahí estás con tu oleaje de divisas en un rincón donde la identidad se superpone a la forma de ser. Sos una incógnita. Una lámpara que de repente se materializó en El Rastro después de habérsele perdido a un Aladino. ¿La compro o no la compro?

Fallecimiento de los espejismos



Me siento un espejismo que demora su desaparición de tus pupilas. Se queda ahí, temblando, hecho de aire, fabricante de juegos de vapor, inexistente para la realidad, vivo en tus ojos. Un espejismo de ríos faraónicos que habitan en iglesias sin dioses, todavía, que se trajinen la fe de sus conversos a golpes de amapola. Un espejismo en el que nunca llueve y que murió de canto como un modesto silencio de corchea. Y allí estás vos, danzando como un fauno, encabritando sílfides al son del caramillo como un flautista de Hamelin sin su flauta, que talla en el azúcar dulces casitas dulces donde mudar abejas. Mi espejismo te mira desde el polvo, victorioso en tu jungla de mil sacerdotisas que han aprendido el sí. Estamos pobres, diosa… me dice mi espejismo y no hay Blokium que alcance para alzar la piroutte. Necrosis trocantérica destruye bailarina. Todo el mundo lo sabe… Mi espejismo, despacio, nos diluye, a mí y a él que ya no es espejismo mientras amaina el viento sobre el viento.




Ciudad portuaria






A veces, en la boca se me acumula el miedo a la palabra y una niebla de puerto se resigna a no tener fronteras. Dejé los pass de deux en el cuarto del fondo, atados al baúl del hechicero encantador de murgas, hacedor de cadenas de vidrio y amapolas, navegador de vírgenes, burilador de putas y amante de quién sabe que otro mundo al que no quiero entrar. Tengo bastante con la ferocidad de mis recuerdos, con los gritos de viejas pesadillas, con mis flores que no responden a la credulidad que las inmola. Tengo bastante con todas las fogatas que quemaron mi bosques y mis ciervos y con la reedición de las mentiras que endulzan con el opio de las lágrimas. Escapo como puedo de mi muerte y hemos llegado a hacer un trato justo. Le he dado un cuarto aquí en mi corazón.


Pececito islero






Ya tengo recorridas las ausencias con su ir y venir, sus cambalaches, sus viejas intenciones y sus antiguas luces apagadas de adioses y de promesas falsas. No creo ya en románticos libelos ni en panfletos que arden. Mi experiencia de amor fue toda pánico y quedó así, casi hecha un ataque a flor de piel y a flor de inteligencia. Quizás sean los años en los que conviví con la desgracia, los que me ha transformado en esta Hormiga Atómica, atónita de a ratos frente al fragor vital que se vislumbra más allá del témpano. Como una semillita de jengibre, algunas penas curo porque tanto vivir no ha sido en vano y tengo una raíz benefactora para el dolor de grito, o cuando el llanto duele hasta las lágrimas. Me gustan los veranos de retoño profundo, que devuelvan carisma verde al polvo de los días porque los días pasan como un viento de agosto que no sabe aferrarse a la fortuna. He dejado el invierno para luego cuando ya sea tarde en la sonrisa.

Vocación de desaliño




Mi amor se había puesto esclerótico y era un jubilado que planeaba poemas en la franela de lustrar los muebles. Los escribía con el polvo de los días inútiles. Después los guardaba en el armario con la escoba de barrer cenizas y con la radio vieja que había olvidado la onda corta. Era un amor lejano a la comunicación en gigabaits, un amor de esos que llegan en las cartas no llamadas e-mail y que, a falta de buzones que no fueran hot, gi, yahoo no encontraba donde depositar su único sobre. Era un amor en sobre, ensobrado después de perfurmarse, recoleto y modernista como el cisne, a su vez, antiguo como pocos, y caído en desgracia sanitaria. Un amor en medio de un alzheimer que sacaba al amor de su galera y corría con él por los pasillos de los hospitales que el mar fue devorando pez tras pez. No se rindió a desalinearse con el mundo por propia vocación de desaliño. Era un amor esdrújulo con una lengua renga que sabía besar. Hablaba con el fondo de los ojos.


Hombre de pie en la piel



¿Cuál es tu idea de matar despacio?
¿Andar con dos pistolas y a los tiros
acertándole
al
aire?

Mi carne y hueso tiemblan con los ruidos
porque así
acontecen los fantasmas de la desesperanza.

Hombre de pie en la piel,
hombre de pie en tu hombre de hombre hombre,
tenaz e involutivo
primigenio y suavemente proto

(diría García Márquez: protomacho)

mi Neanderthal del verbo de las magias,
yo no soy del kaboom...

no te ilusiones.

Yo soy del gota a gota y gata a gatas,
porque sé disfrutar de cada mundo en que tus barcos anclen.

Yo no soy la pariente del apuro
ni soy amiga del todo hoy y aquí.

Me gustan los remansos en los gustos,
los sabores que nacen de los descubrimientos
cuando se pone fin a la invasión y crecen flores nuevas
en el color de lo desconocido.

Soy casi como un burro. Terca y tenaz,
personal, pequeña, irreductible
y toda de algodón si hay un Moguer
para hacerse a mi piel los tonos gualdas.

Tus flotas de metáforas y luces
se agolpan en mis puertos tributarios.

Hombre del corazón, alfiler manso, saxo tenor...
¿me cantas al oído?

A-lunecer

Yo estoy como los lunes, hombre del corazón,
estoy como los lunes
con toda la semana hecha con gajos
y con el tiempo al borde.

Estoy como los lunes, en las postrimerías del entorno
en que comienza el viento
y las hojas se arden en un otoño manso
que poco sabe de las vacilaciones.

Le dejé otro poema a tu amigo que anda con pistolas.
Pensé que iba a entregártelo
pero seguramente estaba ocupadísimo
o no andaba su humor para poetas de zapatos izquierdos
o de dos pies derechos.
En fin
de fina nada y encima mal vestida de pirata Salgari
como la hija del capitán Morgan.

Habrá dicho ¿y ésta quiere hablar?
¿Y encima le manda cartas color rosa?

Yo estoy como los lunes, ya te dije
esperando tu voz dentro del sobre
que extraviaron las grullas en su viaje
al corazón de China

(o de la china)

- para el caso es lo mismo -

La flor encendida


El sol ha suspendido su desnudo,
se ha quitado su cáscara de seda sobre la voz del día
y en pantuflas de niebla
camina por la calle como un pequeño preso
que no recibe cartas.




El frío llega a pie sobre su sombra.
Es un filo de cristal que punza
la claridad más fértil
y la deja caer, lluviosa y desangrada,
lo mismo que un disfraz apolillado.

Todo parece diferente ahora.
Yo no sé si más claro.
Diferente.

Será la procesión de las ausencias
como una larga colecta interminable
de robar las pequeñas alegrías.
Ese rebrote a muerto que no termina nunca de morir
y nace en todas partes
enfrentándose al sol y al viento sur.

Yo no sé escribir cuentos cuando escribo poemas.
Soy bastante primaria en ese aspecto.
Escribo lo que late entre mis manos,
lo que mi mundo siente
y todas esas cosas pequeñitas que no reclaman nada.

Ya sufrí mucho.
Ya fui una fruta rota y una canción mordida
y un eclipse y un muerto.

Ya estuve muerta alguna vez también.

Ahora estoy viva
tan de regreso como una clarinada

a pesar del otoño en que anochece.


Alabanza de su voz



Me gustaba su voz que repatriaba
pájaros amarillos
porque la suya
no era una voz austera,
una voz astringente o temerosa
sino una voz en vuelo,
un estallido en vuelo,
un mar que se volaba hacia la hondura
como un pez delirante y neptuniano.

No era una voz sin viento,
semioculta en los rincones para no mostrarse
y driblando con la tontería sus ganas de decir.

Por el contrario
su voz era un recurso de promesas,
una labranza desaforada de predilecciones
dentro de una chistera de hacer rendir el pan.

Su voz era tan rara
que en ella sonaba bien hasta un rebuzno
y por qué no decirlo:
tenía una voz de seducir madrastras tristes.
Una voz de esas voces que quieren los poetas
para hacerse famosos a estocada de versos.

Una voz bruja o una voz embrujada
en que plantar olivos o maquetar diez barcos.

Me gustaba esa voz que nunca iba a ser mía
por más que yo esmerara mis maderas
o tejiera edredones de largas lanas mágicas.
Todo se entiende el día en que el cartero dice:
“hoy no hay carta”
y lo repite también al día siguiente,
la siguiente semana y la que sigue
y lo repite aún después del mes.

Al revés de Sabina,
para decir adiós no hubo motivos.


Eso es algo que ocurre, simplemente.


Tournée

Imagen de Elfen Lied



No quiero lastimar
esa colmena que hay en su corazón.
No quiero lastimar a sus abejas
ni adulterar su miel adormilada
que hervirá en sus futuros de brujas futuristas.

Soy un bichito raro.
Tengo caparazón,
alitas de murciélago
y garras que están un poco mochas
pero responden bien a la defensa.

Soy un bichito raro en su grutita,
juntador de bellotas y papeles
acostumbrado a un otoño interminable
que ya no le preocupa.

No crean que soy una mujer que se parece
a una pobre mujer

ni soy una mujer necesitada de un hombre protector
que acomode en su oído las ansiadas lisonjas
y todas esas flores que seducen
(en teoría)
al consetudinario femenino.

A veces les diría que hago de mujer
para no sentirme desterrada del gremio,
definitivamente.

En algún punto ese Sicario y yo somos lo mismo
aunque él es más sano e inocente
y no sabe matar por más que diga.

Matar es otro asunto, un poco más severo y efectivo,
porque desde la muerte no se vuelve.

Y no se vuelve más.

No el muerto. El que ha matado es el que no regresa
jamás desde la muerte
-dice un amigo mío-.

Y para matar al amor
hay que matarse
hasta la más extrema descorazonadura.

Lo sé por experiencia.

Y en eBay, me dijeron, no venden corazones
ni se pueden pedir al Ministerio.

Desnudo por desnudo.
Revólver en la mesa.
Gire el tambor.
Su turno...


Rafting del corazón




En la orilla del soplo está tu nombre
marcado como un tajo de tu ráfaga

hombre sin piel ni voz
que sin embargo ocupa los sonidos
y me embaraza el tacto con jazmines.

Ay...ese duro sicario de corazón de bourbon
y ojos tenebrosos de apagones
que ocultan a Manhattan en un cuento.
Ese Sicario
del que el amor escapa malherido de amor
mientras escucha
que su verdugo canta en la penumbra
y le sigue los pasos
a través de las lágrimas.

Ese Sicario, el mundo en masculino,
una fuerza de tribus con tambores
como una fuerza oscura,
una fuerza natural que nace
oceánica y terrestre
lo mismo que un planeta o un sollozo.

Quiero encontrarte en la boca del trueno,
en la quebrada vibración del rayo,
en cada color rojo,
en el silencio al borde de las siestas,
y en mi pequeño esqueletito
que se ha olvidado de las capitanías.

Tu voz que multiplica confluencias
trae el amor en balsa

y por mis rápidos ríos de deshielo
hace rafting
mientras doma los miedos de mi boca.



Al fondo de la caja



¿Qué voy a hacer con la mujer que lleva
sahumado el cabello con hollín de cebolla
y las manos atadas al ajo y al romero?

¿Qué voy a hacer con la mujer de a pie
que no usa zapatos de princesa de tacón elegante
ni se pinta las uñas ni se pinta los labios
y no se saca el jean ni bajo el agua?

¿Habrá alguna mujer en esta forma andrógina
de muchacho prepúber,
con la que me confunden por el pelo rapado a lo skinhead?

Ya no tengo un cabello majestuoso
desangrando sus ondas por mi espalda,
ni esa franqueza húmeda en los ojos con que habla el corazón.

Mis ojos están mudos de certezas.

Guardé las alas en un baúl de trastos
en el que nunca guardé muñecas rubias

(yo no quise muñecas ni jueguitos de té
porque jugaba al fútbol y a la guerra).

¿Mis amigos? Varones.

Manejo una katana Ojo de Tigre
y aprendí a usar el Klaukol y pegar azulejos,
poner pisos, encolar los muebles,
revocar la pared, pintarla luego, arreglar los enchufes,
resolver los problemas de pérdida de agua.

No me asusta una rata ni un murciélago
ni me asusta una víbora ni un sapo.
Llevo de maravillas la falta de comida y la falta de luz.

No me gusta pescar. Hay que tener paciencia.
Me gusta amasar pan. Requiere brío.

Y usted,
me llega hasta la isla amurallada
con su mundo de remos ancestrales,
capitán de la voz que no conozco
y llama por su nombre a la mujer oculta,
prohibida,
a aquella que se fue o que no está.

Me regala la caja de Pandora
una vez ya vaciada sobre el mundo.

¿Ves lo que hay en el fondo? me pregunta.
Yo veo la esperanza.

(Del contrapunto con Jonh Madison: A instigación del viento)


Historia en la boca de los sueños







Si no hubieras escrito

tanta aclaración a posteriori de tu tremendo impulso
habrías presenciado un nuevo choque cósmico

(porque yo
te había preparado una sorpresa,
guerrero de Elder Scrolls).

Recuérdame como la vez primera en que me viste...

era joven y azul y una hechicera
que dormía en un lago
y tú 
eras un ímpetu que olía a todos los mares del planeta.

Vivíamos en cuevas con diamantes y pequeños dragones
y al apretar los ojos
conseguíamos que nos crecieran alas en los pies
y nacieran estrellas de las frentes.

Al fin es lo que somos, dos viajeros 
que recorren el tiempo en un ir y venir 
de sombra y luz,
de vibración oculta e infinita,
un mundo inmaterial hecho con largas olas silenciosas
que van y van entre las edades de un único universo

con todos sus universos invencibles .

No sé qué extraña pócima obtuviste
trasegando los árboles del pan,
o a quién robaste todas las liturgias que no aprendió Cupido en tanto tiempo,

pero el sol en tu nombre resucita,
se levanta lo mismo que un escudo
y encadena la vida y el misterio al diario renacer.

Te tenía un regalo y te lo doy (antes de Elder Scrolls ya lo tenía,
mi extraño prisionero irrepetible).
Es como si te soñara cuando leo...

No me voy a morir.
Yo también, COMO VOS
soy un buen sueño.

Estado primitivo

Quiero ser esa Eva de tu boca. Nadie me llama Eva
y voy perdiendo mi condición eval y me transformo
en algo descarnado y arremetido por el efecto Tyndal.

Si te llamo Sicario debajo de la luna, debes llamarme Eva,

porque ese nombre se multiplica pleno entre tus labios
y alza a una mujer.

¡Qué maravilla un hombre cuando te nombra Eva!

Ya te conté desdichas que no me hacen ser frágil
y te conté de mi afición extrema por la caza
de cosas que alimenten a mi cría.

Yo soy la que trae los conejos
y la que los cocina
y la que después lava los platos.

Pero Eva en tu boca es otra Eva.
Una Eva ilusión, hecha con danzas y sueños y poemas.
Es la Eva que no se me permite
más que estando en tu boca...

Una estrella sin rumbo
que cae, profunda, en tu bebida
iluminando hielos aprendices
de estrellas que se acaban para siempre

Saxo tenor







Dentro del mundo de las confesiones
lo veo divagar frente a la luna, de tres cuartos perfil.
Hay en sus ojos
una nota que ocurre en el espacio,
troquelada
sobre un fondo de niebla en un tugurio
que huele a mal alcohol y a mal tabaco y dibuja dolor.

Sicario, en una mesa, tiene las manos amplias y no correspondidas
y esos ojos de humo que ostentan los que matan
amantes,
con los sueños.

Siempre piensa en morir sencillamente
lo mismo con que sueña el antihéroe de la novela negra
cansado de las bocas y el desgano
y ese arduo vivir entre los mundos secos y el otoño.

Sicario puede
tatuar con su daga de copa de cristal
un la infinito
en el arisco pecho de la noche,
y ponerlo a vibrar mientras se arde veloz como una fusa.

Pero no graba eso.

La noche tiene un corazón oculto igual que un niño oculto
y Sicario prefiere
dibujar una clave de sol sobre su vientre
con su saxo tenor.



(Sicario - Contrapunto con Jonh Madison)

Papeles en nogada




Háblame de la antigüedad de tus banderas,
del color imposible de tu árboles,
del sonido que acampa en tus viejas pagodas
donde ocultas griales y tumultos.

Háblame del silencio en que el ruego naufraga
en la boca que cierra su desquiciada vocación de suspiro
mientras se nos cuartea el corazón.

Háblame de tus manos en las drizas del día
y en la fabricación de los guerreros que comen pan de ayer.
Háblame de lo que eres incapaz de soñar
y de lo que has soñado ya demasiadas veces.

Tráeme tus raíces de corales y tus miles de caracoles rotos
y entre los dos echemos de la playa
a ese invasor
o afeitemos sus barbas de gigante con nuestra mágica navaja de futuro.

Hablemos a la luz de una fogata alimentada a sol,
en plena noche con un sol de noche y una aurora boreal
tallada por la aguja del último sextante
encima de la gracia y de la pena.

Acércate con tu hermosa condición de jinete hacedor de delfines
y trae las mareas y los vientos que fundan los puntos cardinales.
Ven con tu poseidón y tus tritones
a mis mundos con geas de cabelleras largas
y caballos marinos y ballenas que duermen su última canción de cara al sur.

Haz un hueco en mi cáscara de nueces navegantes
y rescátame en tu barco de papel.

Otras elegías




Yo que no me confieso.
Yo, que tengo un orgullo a prueba de ciclones
y que acaudillo el miedo de todos los hipócritas
para lanzarlo al río.

Yo, que soy una fiera más feroz que el destino
y que puedo levar las velas a mi antojo
y predecir los vientos en las gavias.

Yo, que soy timonel, vigía y náufrago,
capitán que se hunde,
escota y jarcia,

y que elijo la furia y la destreza
en la más gruesa mar.

Yo, que he sorteado esos vientos de proa con pericia
y mantenido el barco sin ceder al garate
en la tormenta más perfecta de todas las tormentas

siento nostalgia de la estrella albal

y estoy re harta de navegar a ciegas el destino
inventando las rutas y el naciente.

Lucho por negociar con Lisa Simpson
mientras le explico cosas a Mafalda...

mas me toca ser yo

nada de ellas y solamente yo, toda pericia
en la negociación con la catástrofe.

Como me canse...(que ya estoy en eso)

como me canse

voy a anotarme a un tardío Sputnik que no existe
y volver al planeta que no existe tampoco
donde viven los índigos que han muerto.

Y siento si se nota que estoy harta...

Traigan urgente la guerra que se viene

así -yo-
me mantengo
entretenida.