Espadachín del cielo.




Si te vas,
tu voz dinamitera deja un hueco
en el hostal del alma,
en la pequeña cama de los sueños más frágiles,
en la cocina de los más intensos.

Si te vas,
tu voz vacía el mar de sus tsunamis
y los peces del sándalo se mueren
cuando quieren volar a su infinito.

Si te vas,
toda la leña se volverá verde y no hará fuego,
olerá el bosque a humo sin calor,
y lloraran los duendes de resina un perfume sin alma.

¿Quién es capaz de expulsarte de esa boca
que te dieron para volverla útil igual que una bandera
que te conduce a un grito planetario?

Te esperan los tambores
del pulmón de la vida,
de la entraña animal de la palabra,
de las luces profundas que nadie alcanza a ver
en el túnel del hombre.

Que regrese esa rosa de los truenos
a florecer la sangre de tu lengua.

Quiero que hagas rodar cabezas y castillos.


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