A-tormenta-dura







Mi orgullo natural es como un remo,
un desafío,
un "yo puedo vencer a la tormenta"
y es por eso que me transformo en rayo,
en huracán
(en trueno no, porque hace mucho ruido).

Mi orgullo ha remado en la indecencia,
en el hambre y en la mediocridad.
Ha remado en la pérdida de un pobre mar sin peces,
en la tragedia griega de mi vida,
en el miedo y el llanto (que por poco me ahoga)
y en la inundación diluvial del mayor odio.

No podría decir que soy experta
pero si tengo un remo, yo navego en el río,
en la cloaca,
en el barro,
y en toda oportunidad que haya de salir adelante.

Mis poemarios hablan mucho de mí.
Yo hablo de mí.
Tengo un ego victorioso que a pesar de ser ego es muy humilde,
porque lo único que pretende es proclamar
que se puede vencer todo lo adverso
con un voluntarioso remo entre las manos.

He sacado mis hijos hasta el borde que prometía todos los futuros
y ahora los veo volar
(veo volar mis pajaritos verdes, como la encarnación de la esperanza)
hechos y derechos como los grandes pájaros
que dominan por horas las corrientes terrestres.

No me importa morir.
Lo he dado todo.

Por mi profunda convicción, lo he dado todo.