A instigación del viento

Para John Madison


Navegaré quizás, un largo día,
por la sed de tu mundo hecho con la osamenta del Titanic
y cuatro plumas tristes
que quedaron lejísimo del vuelo con que quise volarte:
el aire de las rosas/ los pies de las ideas/ la idiosincrasia de la libertad.

Tuve un velero un día.

Tuve un velero que enfrentó las tormentas del río,
la vocación del delta,
el camalotal de la creciente con serpientes y rosas de guadaña
y el límpido furor del Remanso Valerio*.

Yo amaba las tormentas paraneras,
el viento de ceñida,
la rebelión del agua.

Eran mi propia voz, incandescente,
mi fuerza mineral,
mi especie antigua que peleaba como una arborescencia del pulso de la luz
y del relámpago.

Yo aprendí a navegar cuando los rayos desmenuzan el río
y se hacen fuertes titanes encima del estuario
çomo una reunión de muchos Zeus, iracundos y eróticos.

Mi velero era vivir un desafío
hacia la eternidad de los orientes
en donde habita el sol.

Escribir me devuelve esa violenta intensidad del justo,
del grito primitivo en la garganta del hombre diluvial.

Ay, Drake...
abre las alas.
Abre las alas, Drake...

abre las alas.

(Del contrapunto con John Madison)