A-za(ha)r


No pretendo ocupar otros lugares
ni pretendo tampoco
oficiar de consuelo pasatista
rearmando tus trozos con mis manos.

Veme tal como soy.

No busco reemplazar donde te sangra
la función de la esclusa que está abierta.
Ni hacer de esparadrapo cura todo
porque sé que no puedo.

Soy sólo quien te escucha.

Aquella que te escucha peregrinar de noche
buscando los dondiego
para amasar papeles con sus perfumes húmedos.

Aquella que te ve
como una especie de hechicero cósmico
buscando en su atanor a la fortuna
que le llene de amor sus cofrecillos.

Solo y desamparado como un pájaro viudo,
como un puzzle al que le faltan piezas
y tiene las figuras en mitades,
te veo degollarte con estrellas
en los charcos de agua.

Soy la que oye y soy la que te mira.
Nada más que alguien más a tu costado
que te pregunta ¿amigo, estás sufriendo?
para arroparte igual
que un aroma a naranjos en la tarde.