Poema XIX

Me desmadeja honda tu boca y en penumbra
un agua verde cursa las raíces del viento
y precipita dioses
bendecidos de árboles
sobre los troncos vastos de la vida.

Todo un cielo se inclina desde tu labio al mundo
y traduce un idioma de nunca apocalipsis
como el Amor que fuga
de un presidio del tiempo.

Es así tu palabra una suma distinta
que ata manos de pájaros y ata alas de hombres
al vuelo del relámpago y a la voz de los duendes.

Es mágico tu nombre de apacentar el aire
donde tus palmas buscan reunir los perfumes de corazón adentro.

Verde como lo verde que se vuelve azul cielo
o manantial de altura o espliego florecido
vas dejando semillas en los ojos de todos
como un labriego eterno
sembrador de palabras.