Las santas de Fellini

Los gritos de los cerdos acumulan
un chillido discorde sobre el tímpano
y se ensordece hasta la voz del címbalo
cuando además del cerdo, el perro aulla.

Se erigen en custodios del chiquero
moralizando exhaustos e impolutos
su propia aberración, su piel, su esputo,
santificando al Diablo, recoletos.

Brutales brujas de confesionario
masturbandose a Dios en su entrepierna
la juegan de sagradas y modernas
siendo incapaces de admitir orgasmos.

Luego, llega un titán de pelo en pecho
que no le teme a la verdad desnuda
y ellas, segregadas pelotudas
inventan un espurio manifiesto.

Riámonos las dos, que hemos luchado
en todas las arenas de la muerte
de estas santas ad hoc, santas inertes
chicas del exorcista, comulgando.

La boca se les pudra y se les seque
igual que la vagina sacrosanta.
Son infelices antes de la muerte
porque su pequeñez las lleva en andas.

Son pobres, infelices, diminutas.
Consonancia mediante :
darían varias vidas por ser putas.