In-corpórea-mente

Yo sentí que mi cuerpo
no me pertenecía.
No podía ser yo
esa cosa pequeña
grácil
delgada
impunemente débil.

Miraba a esa covacha en los espejos
y me decía atónita
"esa flaca esmirriada se rompe de un soplido".
Era eso mi cuerpo :
una covacha en la que no podía refugiarme
por chiquita y lluviosa.

No me gustaba esa casa de carne.
Al no gustarme a mí
tampoco les gustaba a las otras personas
y andaba entonces como un caracolito por el mundo
con mis ratas a cuestas
y mis polvos torcidos
llevando ese habitáculo
como la cueva ignota de algún fósil
que no tendrá jamás descubridor.

Era un Patito Feo que bailaba de Odette
una Cyrana
una Judith
un algo.

Pero la covachita resistía frente a todos los climas.
No se volaba su techo de palomas
ni se quebraban al viento sus puntales.
En las inundaciones era un barco
y para las sequías
un molino arraigado al fondo de la tierra.
No era  hospitalaria y aromática.
Era una cosa que incordia por lo sólido.
No era linda.
Era práctica y fuerte y adaptable.

Para decorarla por primera vez
elegí los relámpagos.