Nunca fuimos glamour

Nunca fuimos glamour.
Era otra cosa la ruta de los ojos
y el camino
era una cruz de pájaros y harina
un árbol de algarroba
un ronco atardecer de ranas húmedas.

Yo llegué a la ciudad
como un paisaje en que el silencio ocurre
igual que ocurre el sol
o el agua ocurre

era toda tardía y aromática
como gotas de leche en el primer ordeñe

Yo llegué a la ciudad
con el glamour mestizo de los polvos
y la frecuencia exacta
de aprender a mirar lo que acontece.

Porque la vida es eso
el instante en el tiempo de vernos arrasados
y aún
poder mantener los ojos en las frondas.